demasiado pausada,
muy inexistente como para hablar de ella,
invisible,
muerta.
Me lleva de la mano a través de los recuerdos,
entre manecillas de relojes sin avance.
Se acompaña de amaneceres desolados,
y mirándome,
sabe que ha perdido la batalla,
aún cuando no empezó a luchar,
por que en mis días (ayeres y mañanas) sólo hay tiempo para no dejar cesar a esta memoria que, hasta siempre y por hoy desde hace mucho tiempo,
recordándote está.

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